La Psoriasis, un problema físico y emocional

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El pasado domingo 29 de octubre se celebró el Día Mundial de la Psoriasis (#WPD17). La Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC) junto con la asociación Acción Psoriasis, iniciaron una campaña de sensibilización e información a los pacientes a través de las farmacias. Y yo, implicada como siempre en la atención al paciente, me uní a la campaña. Este post es parte de mi aportación.

La Psoriasis, un problema físico y emocional

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la psoriasis puede afectar a todos los tipos de piel. La psoriasis es una enfermedad que afecta a más de un millón de personas sólo en España y a 125 millones de personas en todo el mundo, que se dice pronto.

Se trata de una enfermedad crónica, autoinmune, inflamatoria y no contagiosa. Veámoslo paso por paso:

  • Es una enfermedad crónica, es decir, de las que no se curan nunca pero pueden cursar con períodos de mejoría e incluso completamente asintomáticos. De ahí que su tratamiento sea sintomático e individualizado para cada paciente, llegándose incluso a personalizar el tratamiento según las estaciones del año o los cambios en la rutina y el estilo de vida de los pacientes.
  • La psoriasis es una enfermedad autoinmune, o lo que es lo mismo, está causada por una alteración de la funcionalidad del sistema inmunitario a nivel dérmico. Esta misma disfunción del sistema inmune es la causante del proceso inflamatorio con el que cursa la psoriasis. La inflamación en la psoriasis se traduce en una alteración del ciclo normal de renovación de las células de la piel, que pasan de renovarse cada 28-30 días a hacerlo en tan sólo 3-4 días, produciéndose una acumulación de capas dérmicas, que es lo que observamos como “escamas blanquecinas” en el tipo más común d psoriasis. (Más adelante mencionaré los diferentes tipos de psoriasis que existen).
  • Por último, y muy a tener en cuenta, la psoriasis NO es una enfermedad contagiosa, por muy feas que se vean las “ronchas rojas” o “placas blanquecinas” en algunos pacientes. Y no es contagiosa simplemente porque no es una enfermedad infecciosa y por tanto “no se pega”. Casualidad o no, resulta que las formas de psoriasis más comunes son las más visibles. Ello puede provocar un gran impacto emocional en algunos pacientes que pueden sentir rechazo, vergüenza o inseguridad, desarrollar problemas de autoestima o de integración social, ansiedad y depresión.

La psoriasis y la dermatitis atópica a veces se confunden….

Pues no, o no deberían confundirse. Si bien es verdad que ambas tienen un componente causal genético importante, ambas patologías poseen algunas características totalmente diferentes que nos permiten hacer un diagnóstico diferenciado bastante claro.

Por ejemplo, la psoriasis (especialmente la llamada “en placas” – unas líneas más abajo hablo de los diferentes tipos de psoriasis) suele aparecer en jóvenes adultos (a partir de los 20 años) mientras que la dermatitis atópica es más frecuente en bebés y niños. También es característico que la dermatitis atópica pica y la psoriasis no suele hacerlo. Por último, las zonas de localización de las lesiones también las diferencia. Mientras que la psoriasis suele aparecer en rodillas, codos, nudillos, plantas de los pies, palma de las manos, uñas y superficies extensas de las extremidades, espalda o abdomen, la dermatitis atópica puede localizarse en la cara, la zona posterior de las rodillas, la cara interna de los brazos, las ingles, el abdomen y la espalda.

La Psoriasis no es siempre igual

Se han descrito hasta 10 tipos diferentes de psoriasis, siendo la más común la psoriasis “en placas”, que se manifiesta como áreas engrosadas y enrojecidas sobre las que aparecen escamas blanquecinas resultado de la alteración de la regeneración celular.

También existe la psoriasis “en gotas”, que aparece como una salpicadura; la psoriasis invertida, que cursa con la aparición de zonas en la piel rojo brillantes pero sin escamas; la psoriasis pustulosa, cuando aparecen granos de pus sobre las placas; la psoriasis eritrodérmica, en la que aparece un enrojecimiento intenso de la piel en una zona muy grande. La psoriasis ungueal (en las uñas), que aparece como un punto en la uña, o engrosamiento de éstéa, con manchas amarillas y que, en casos graves, puede provocar el desprendimiento de la uña. Por último, también es de destacar la artritis psoriásica en la que aparece rojez, inflamación y dolor de las articulaciones.

La psoriasis puede afectar a zonas comunes, como los codos, las rodillas, el cuero cabelludo y la parte inferior de la espalda (área lumbosacral), y a zonas menos frecuentes como las axilas, las palmas de las manos, las plantas de los pies, las uñas, las ingles, los genitales y los pliegues debajo de las mamas.

Es importante tener en cuenta que, a nivel comunitario, el farmacéutico sólo puede tratar las formas leves de la psoriasis (las que sólo ocupan alrededor de un 15% de la superficie total cutánea); en el resto de casos, lo más indicado es derivar al dermatólogo especialista.

¿Y qué se puede hacer para prevenir la psoriasis?

Siento deciros que nada. La psoriasis no se puede prevenir como tal enfermedad. Y eso es porque no tiene una etiología, una sola causa concreta. En la aparición de psoriasis intervienen factores genéticos, inmunitarios, el consumo de tabaco y/o alcohol (en cualquier cantidad, aquí no vale eso de “con moderación”), el estrés (que se pone al frente como uno de los factores más importantes) y el uso de otros medicamentos, por ejemplo, los antiinflamatorios no esteroideos o AINEs, el litio, algunos antihipertensivos y antimaláricos.

Pero que nadie se desespere porque sí se pueden evitar los brotes con síntomas dérmicos o minimizar sus efectos sobre la piel.

¿Y cómo? Pues fundamentalmente evitando cualquier situación de estrés y el contacto con contaminantes, tóxicos e irritantes de la piel como lo son el tabaco, el alcohol y los productos cosméticos o de higiene con formulaciones cargadas de perfumes, alcohol, conservantes, etc. Por eso, y cuando se trata del tratamiento para la psoriasis, se dice que el excipiente es tan importante como el principio activo elegido.

Algunos detalles a propósito del tratamiento.

El tratamiento de la psoriasis es sintomático, es decir, se centra en tratar sus síntoma (y no la causa), en este caso, las lesiones cutáneas. Para ello, escogeremos formulaciones tópicas hidratantes y emolientes, que sean “amables y respetuosas” con la piel, libres de alcoholes, perfumes, parabenos, siliconas, y otros irritantes. Eso si, busca siempre el asesoramiento de un profesional sanitario cualificado.

  • Las cremas y los aceites hidratantes deben ser el tratamiento de base de un paciente con psoriasis, independientemente del grado de afectación y del tratamiento farmacológico que el dermatólogo haya prescrito. Las cremas y los aceites hidratantes actúan formando una capa grasa que evita la pérdida de agua de la piel, reblandece y reduce las escamas y mejora la eslasticidad de la piel, evitando que se vuelva a agrietar. También reducen el picor de la pies seca.

En la cara y en los pliegues se aplican cremas porque son formulaciones menos grasas. En la zona de los pliegues, es importante asegurarse de que se produce una correcta absorción del producto para evitar maceraciones en la piel que podrían complicarse con infecciones bacterianas y/o fúngicas.

En cambio, donde la piel es más gruesa, como en las palmas de las manos, en las plantas de los pies, en los codos, en las rodillas y en las zonas donde hay muchas escamas, se aplican pomadas. Las emulsiones, las lociones, y los geles son ideales para el cuero cabelludo.

  • Por otra parte, están los corticoides, uno de los tratamientos fundamentales de la psoriasis. Se utilizan corticoides de diferente potencia en función de la gravedad y características de las lesiones. Es importante tener muy en cuenta las recomendaciones de los profesionales sanitarios para evitar los efectos secundarios de los corticoides debido a su uso prolongado. (El tratamiento habitual con corticoides suele ser 1 aplicación/12h durante 4 semanas.) Tampoco se recomienda detener el tratamiento antes de lo prescrito, puesto que puede aparecer un efecto rebote por el que las lesiones se intensifican. Del mismo modo, también es recomendable continuar con un tratamiento de mantenimiento (1 aplicación de corticoide de baja potencia 2 veces/semana) tras haber finalizado el tratamiento.
  • Siguiendo con los tratamientos de primera línea, encontramos también a los análogos de la vitamina D (calcipotriol, calcitriol, tacalcitol), que pueden utilizarse en monoterapia o en combinación con algún corticoide. A tener muy en cuenta en los tratamientos con análogos de la vitamina D es la recomendación de evitar la exposición al sol tras la aplicación del tratamiento puesto que son fotosensibilizantes.
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